18/3/10

AMANECER DE CONFIDENCIAS

No pensé que fuera tan honrado el cocodrilo. Apenás dejó su cama hecha, fue a contarle sus sueños a la débil piraña. En ese momento soltó sus lágrimas. La piraña sin embargo eructó.

2 comentarios:

  1. Pobre cocodrilo... olvidó que el tamaño no importa. Eso sí, a la piraña no le vendrían nada mal un poco de modales. XD

    Muy bueno este microrrelato. Personalmente es el que me ha gustado más.

    Besitos de jengibre.

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  2. Aunque todo esté lleno de pirañas y cocodrilos, teniendo a lectores como vosotros estoy a salvo.

    Blogsaludos

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